martes, 17 de febrero de 2015

Tienen más prisa...

Ayer  pasé con tiempo al colmado de los sueños a comprar cuarto y mitad para hacer un relleno de diario con algo de gracia. Esa es la versión oficial,pero aquí en secreto os cuento que lo que quería era mucho más...
No habia casi clientes delante de mí y pedí la vez como buen ciudadano. Una señora aburrida de cocinar siempre la carne de la misma manera me contestó -al menos me pareció- con gesto entreverado entre afirmación seca y gruñido cavernoso. Todo indicaba que en menos de lo que canta un susurro la dulce chica de mirada transparente me despacharía. Pero cuando raudo iba ya mover los labios para el "me toca", una adorable abuelita irrumpió en el espacio común con acelerados ruegos:
-ay hijo me dejas pedir antes, que es que  no veas que dolor de espalda llevoy tengo al marido esperando, que le tengo que dar la comida pronto para que se tome las pastillas porque está de la tensión fatal y yo no te creas que yo el colesterol por las nubes y además solo quiero una cosa-
Asimilando tal marabunta de justificaciones no pude sino asentir a medias cuando la señora ya había dado las leves gracias de camino al mostrador y estaba haciendo su pedido. -Si, claro, pase usted, que lleva más prisa...
Quince minutos después me disponía a pedir, pero parece ser que la prima hermana de la uca uca anterior (léase o recuérdese El Camino de Delibes) supo de la brecha abierta por su familiar y cual bombardero B12 sobrevoló mi ciudad entera sin mirar para espetar a más de media voz: ¡hermosa! dame la bolsa que te he dejado antes, anda, y ya de paso me pones una bandejilla de tomatejos desos arrugaos. La chica me miró... asentí resignado y le dije: atiéndela, no pasa nada, que lleva más prisa...
Lo que ocurrió después fue digno de los anales mistéricos o de una sobredosis de antihistamínico en ayunas:  una tras otra, como en formación premeditada de vanguardia geriátrica, un batallón de abuelitas recien peluqueadas apareció a la conquista del turno... las voces se mezclaban, las crónicas de consulta médica eran esgrimidas como derecho al yo antes, y entre medias, decesos, quejas, angustias, carencias de silencio y un denso tufo a laca de barrio. 
Miré a mi alrededor... quizás me habia equivocado de sitio... no me sonaba en realidad el cartel de la entrada... solo era una frutería donde los tomates se arrugaban y las trincheras de lo cotidiano criaban glutamato para la sopa diaria... o quizás una Carnicería con vocación de teatro de lo absurdo donde siempre hay una oferta de dos por uno. 
-Atiéndelas a todas antes... tienen más prisa...
Yo solo quería preguntar que si me puedes poner un paquetito de silencio y luego paso a por él...

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