jueves, 25 de marzo de 2010

Reflexiones sobre la Semana Santa

Hace años que vengo observándome a mí mismo… y no digo físicamente, porque entonces les llenaría los oídos con lamentaciones sobre las amplias avenidas que surcan mi cabeza por tantos lugares por los que hace poco había pelo… No es eso, sino la forma en la que he vivido la Semana Santa y cómo las circunstancias también van cambiando las visiones, las costumbres y los compromisos… Las amistades que van y vienen, las responsabilidades en una hermandad, las propias convicciones íntimas de cada uno forjan el espíritu y la propia vida, pero de todo se aprende, sobre todo si no se olvidan los paisajes del camino. Yo llegué a estar saturado, desengañado, desilusionado… había vivido en primera persona la cara más agria de la Semana Santa, la interna, burocrática, organizativa, tan necesaria como dura a veces, tan cotidiana y absorbente como reconfortante para aquel que hubiera o hubiese tenido vocación de político frustrado… me alejé de aquello… me costó perder amigos, antes y después, quizás por culpa mía, por saberlos mantener… pero he recuperado la ilusión primaria, la de la contemplación externa… la de la Tulipa “enguantada” a la que nadie reconoce… y la ilusión de enseñarle a mi hija todo esto… de explicarle lo mejor posible qué es, porqué y para qué…
Pero bueno, tampoco quería entretenerme mucho en esto… yo les iba a comentar que desde que vivo en mi piso nuevo experimento la penitencia de la Pasión, la virtud de la paciencia, y mucho más gracias a mis vecinos de arriba, que durante el resto del año, recrean vivas y contundentes metáforas procesionales para que los que vivimos bajo su suelo, nos ganemos o intentemos ganar, por lo menos un boleto de la rifa en la tómbola del cielo. Veamos:
Las horquillas empiezan a golpear fieramente sobre el empedrado… diríase que esos banceros luchan contra la cuesta más empinada que Cuenca inventara… la voz del capataz reclama algo con incomprensible interjección: ¡6 pitos! Jajajajaja… no, no puede ser, son las dos de la madrugada… no están jugando al cubilete sobre mi cabeza… estoy soñando… ¿para qué seguir? Penitencias vecinales tenemos todos… algún día les contaré cuando cantan lo del novio de la muerte… entonces el Tercio entero de la Legión procesiona sobre mi salón…
Son males menores… pero se queda uno mejor si se lo cuenta a alguien. Gracias.

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