viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes

Cada vez que la melancolía espesa mi mirada, cada vez que la tristeza me acaricia la nuca provocando escalofríos de ausencia, busco la compañía de mi ribera, necesito conversar con las lágrimas de los sauces y oír la voz del cauce que no cesa. Y hoy es uno de esos días. Cae algo de nieve, el viento es desagradable, gélido… hoy el tiempo acompaña y se enluta, rebelde ante la pérdida inevitable. Acompaño los pasos de Daniel el Mochuelo, un abrazo silencioso, un solo gesto y un Camino de recuerdos… él sigue tan joven como cuando le conocí; yo he madurado deseando haber sido alguna vez un “mochuelo” más. Se nos unen al paseo de recuerdos el Cazador, que luego fue Emigrante y más tarde Jubilado, aparecen Mario, el Señor Cayo, Germán el Tiñoso y Roque, que no pierden ocasión de lanzar alguna pedrada a “Mis amigas las Truchas”. Todos conversamos, aportamos húmeda sal al suelo blando, y al fin sonreímos, porque así lo quiere él…

En la tierra, los viciados galardones le vetaron a veces prefiriendo a los mediocres; Ahora, justamente entre los justos, estará Delibes recibiendo el Nóbel del Parnaso.


Hasta siempre, Maestro.


Una de mis piezas favoritas en su memoria:

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