viernes, 12 de febrero de 2010

Un poema para recordar.

Sólo es el marco de calor
a la hora de la soledad.
No me derrumbo.
No imploro ya a los días su fugacidad.
¿Con qué razón podré luego
retrasarlos cuando me refresque
el alma la fuente de sus besos?
No clavo las rodillas en tierra
porque el peso de su ausencia
me arranque las entrañas.
No, ni mucho menos.
y eso...eso no son lágrimas.
Es que estoy buscando en el suelo
plateadas huellas de sus paseos,
y es sudor de emociones
lo que corre por mi cara.

Gustavo Villalba, del libro "Oro, Carcoma y Madera" (1998)

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